El aire que respiramos

¡Buenos días desde Yangon!

Ya son ocho meses los que vivimos en esta ciudad de Myanmar y hemos podido vivir en tres estaciones diferentes. Cuándo llegamos a principios de agosto, nos dio la bienvenida el monzón con lluvias torrenciales las 24 horas del día. Más tarde, llegó la estación templada, con días de sol y tardes frescas. Llovía de vez en cuando y lo agradecíamos!

Hace casi un mes que estamos en plena estación seca y acumulamos más de tres meses sin lluvias. Las temperaturas alcanzan los 37º (sensación térmica por encima de los 43º) y el ambiente se resiente a medida que pasan las semanas.

Por eso, hoy quiero hablaros del aire que respiramos en Yangon. El clima, por supuesto, influye en la calidad del aire, sumado a la gran cantidad de vehículos que circulan cada día, las industrias de los suburbios de la ciudad y los agricultores que preparan los campos quemando los rastrojos. Cada mañana nos levantamos con una espesa capa de aire contaminado. Lo locales se refieren a ello como “la neblina”, pero la realidad es que en Yangon no hay humedad en estos días, como mucho la evaporación del agua de los lagos de la ciudad puede ayudar a la formación de esa “neblina”. Desde mi punto de vista y viendo día a día los medidores de monóxido de carbono, cada mañana se forma esa gruesa capa por culpa de la contaminación, el vapor de agua y la ausencia de lluvias durante tanto tiempo.

A medida que va pasando el día, la capa se va disipando y llegamos a ver alguna nube. Pero el olor a quemado suele permanecer todo el día en el aire.

Una web recomendable para controlar los índices de monóxido de carbono es purpleair.com

La App de The Weather Channel también marca los índices, pero no especifica la fuente de dónde se recogen los datos. Sin embargo, ¡los resultados suelen coincidir!

Para que podáis tener una idea de la gravedad, a medida que escribo este post, los índices en algunas ciudad europeas y de Latinoamérica son:

Barcelona: 63

Madrid: 39

Berlín: 24

Londres: 36

Buenos Aires: 40

Ciudad de México: 175

Bogotá: 141

Lima: 94

San Pablo: 151

En Yangon no es muy común ver a personas con máscaras para protegerse de la contaminación. Tengo entendido que es mucho más común en otras ciudad asiáticas. Sin embargo, no me parecería nada descabellado empezar a usarlas!

Algunas medidas que utilizamos para prevenir respirar el aire de la calle son:

  • No abrir nunca las ventanas de casa y mantener los aires acondicionados encendidos a una temperatura moderada.
  • No tender la ropa al aire libre
  • Cuando llegamos a casa nos lavamos las manos y la cara
  • Solemos cambiarnos de ropa al llegar de la calle
  • En el coche, siempre llevamos activada la opción para que no entre el aire de afuera.
  • Reducimos el tiempo que pasamos al aire libre a solo unas cuantas horas al día.

Algo que además nos estamos planteando es comprar un purificador de aire para casa y para la oficina. Son los lugares donde pasamos más tiempo y es la forma de garantizar que el aire que respiramos no sea tan malo!

¿Qué os parece? ¿Os lo imaginabais así? Os cambio la perspectiva sobre la ciudad en la que vivís?

Contádmelo en los comentarios y así todos aprendemos más sobre este problema!

¡Un abrazo y feliz martes!

¿Qué llevo en mi maleta?

¡Buen día a todos!

A pesar de lo que se suele pensar, cuando vives en países como Ghana o Myanmar, tu maleta no está llena de ropa de marca, zapatos de tacón o el último grito en bolsos. Cuándo vives en un país en vías de desarrollo y con un clima subtropical, te olvidas de si tu ropa sigue las últimas tendencias de la moda y centras tu atención en no salir de casa sin repelente de mosquitos o protector solar.

A lo largo de estos cinco años de expatriación, nuestra maleta ha ido evolucionando al mismo ritmo que lo ha hecho nuestra familia. Al principio cuando vivíamos en Ghana y éramos solamente mi Argentino favorito y yo, nuestra maleta solía ir llena de comida y buenos vinos. Solíamos cargas con indecentes cantidades de embutidos, jamón y quesos españoles, carnes envasadas al vacío (una vez incluso, cargamos con más de cinco quilos de carne desde Argentina), botellas de vino tinto, dulces como turrones o alfajores y muchísimo chocolate! Desarrollamos una técnica perfecta para meter todo en las maletas y nunca jamás se nos rompió una botella o se nos echó a perder la carne. Solíamos viajar cada seis meses, así que llenábamos el congelador y la despensa por miedo a quedarnos sin comida.

Cuando adoptamos a Penny empezamos a hacer hueco y llevar algunas cosas también para ella. En Ghana no había demasiadas cosas para gatos, así que le cedimos una pequeña parte de nuestra maleta. Recuerdo que compramos su primera caja de transporte en Argentina, preciosa, ¡de color rosa! Después resultó que no estaba homologada para viajar en avión, así que le compramos una nueva en Dubái! Siempre compramos juguetes para ella, collares nuevos o comida húmeda para darle un capricho de vez en cuando. La pobre tenía que conformarse con el pienso que encontrábamos en el supermercado, que era de pésima calidad e, incluso, una vez nos quedamos sin arena para su baño por más de 10 días! (No preguntéis cómo nos las apañamos…)

Ahora nuestra maleta ha cambiado por completo. Martín se ha quedado con más del 70 por ciento del espacio y hemos dejado de trae comida a Myanmar. Por el contrario, llenamos nuestra maleta con juguetes de calidad y libros para su edad en español. Ropa para los próximos meses y zapatos buenos de al menos dos tallas diferentes.

El 30 por ciento restante es para nosotros! Pero ya no la llenamos con embutidos, quesos o chocolates. Comemos lo que encontramos en el país y hemos modificado muchísimo nuestra dieta. Ahora comemos …

+ Verduras, frutas y cereales

Carne y pescado (seleccionando muchísimo la calidad)

Nada de embutidos y dulces

Con el paso de los años, ¡lo agradecen tanto nuestro cuerpo como nuestra maleta!

Y vosotros, ¿qué llevaríais en vuestra maleta si vivierais en el extranjero?

Esta semana ya está a punto de acabar, así que espero que paséis un fantástico fin de semana!

P.D. Eso sí, cuando viene la familia desde España o Argentina siempre nos trae un poco de jamón o unos cuantos alfajores 😊!

Mi plan para el 2019

¡Hola a todos!

Lo sé, hace meses que no me paso por aquí, que no os cuento nada y que estoy desaparecida! La falta de creatividad y una mezcla de emociones por la adaptación a nuestra nueva ciudad, no me ha ayudado demasiado a compartir historias con vosotras y haceros partícipes de nuestros avances en Yangon.

Después de unas largas vacaciones en España, donde gracias a la familia he recargado pilas e ilusiones, empezamos el 2019 en Myanmar con nuevos retos y planes. ¿Cuántas de vosotras empezáis así el mes de enero y a mediados de febrero ya habéis tirado la toalla? Fuera bromas, espero que este 2019 me de las fuerzas para tirar adelante este blog y poder enseñaros de cerca nuestro día a día en Yangon.

Nuestra adaptación a la ciudad y a la rutina ha sido bastante buena, sobre todo porque tenemos muchas facilidades en el lugar donde vivimos. A diferencia de otros lugares, como por ejemplo en Europa, en países como Myanmar es relativamente sencillo y rápido formar parte de la comunidad de expatriados y conocer familias a fines a nosotros. Así, en pocas semanas, creamos nuestra red de conocidos y, algo más tarde, amigos, que hacen a su vez de nuestra familia en Myanmar. Gracias a esas personas, podemos comprender mejor el país, descubrir más rápido las cosas esenciales de la vida en Yangon y compartir parte de nuestro tiempo libre.

Sin embargo, el cambio de Zagreb, una ciudad centroeuropea pequeña, a Yangon, una urbe asiática de dimensiones, a veces, incomprensible, no me lo hizo fácil. A pesar de que en Croacia nos fue muy difícil crear una red de amistades y formar parte de una comunidad, la verdad es que la vida era más sencilla y relajada. Con más tiempo para dedicarnos a nuestra familia en un entorno muy verde y saludable.

Durante los primeros meses en Yangón, una mezcla de sentimientos se apoderó de mí y en muchas ocasiones me recordaba el choque emocional que viví en Ghana y gracias al cual escribí la entrada en Una española en Ghana sobre “La vida de una expatriada principiante“.

Pero nada es para siempre y afortunadamente, con los años, he desarrollado una buena capacidad de adaptación! Lo más importante es tener un plan, para después poder cambiarlo si es necesario e improvisar 🙂

Mi plan este 2019 es muy sencillo. Escribir, escribir y escribir, para poder compartir con todas vosotras las experiencias que vamos a ir viviendo y como los vamos afrontando. ¿Os animáis a acompañarme?

¡Que tengáis un muy feliz fin de semana!

Viajando con un gato a Myanmar

Hola a todos! ¿Qué tal se presenta el final de la semana? He estado unas semanas en silencio por aquí para concentrarme en nuestra adaptación a Yangón, sobre todo, dedicándome a Martín para que se encuentre a gusto en el nuevo entorno y las nuevas personas de nuestro alrededor. Y puedo decir que, de momento, ¡va todo viento en popa! ¡Crucemos los dedos!

Pero hoy quiero hablaros de cómo trajimos a nuestra gata Penny a Myanmar:  la pequeña odisea para traer nuestra gata africana a este país del sudeste asiático.

Desde que adoptamos a Penny ha volado varias veces en avión, en vuelo cortos y de media distancia y también ha hecho escalas. Pero siempre ha viajado con nosotros en cabina. Cuando decidimos mudarnos a Myanmar, descubrimos que todas las compañías que viajan al sudeste asiático a través de Oriente Medio (Qatar, Emirates, Etihad) solo permiten viajar con perros y gatos facturados en bodega. La noticia nos impactó muchísimo, intentamos buscar alternativas desde ciudades europeas (KLM, Airfrance, Lufthansa), pero cualquier opción nos enviaba a Bangkok donde debíamos hacer escala y facturar a Penny en bodega de cualquier forma para hacer el último vuelo Bangkok-Yangon con Thai Airways.

Así que respiramos hondo y confiamos que nuestra gata viajera no nos iba a decepcionar con su valentía y que llegaría perfectamente a su nuevo hogar después de estar sola durante casi 20 horas de viaje. La ruta escogida finalmente fue Zagreb – Doha – Bangkok – Yangon. Tres vuelos, dos escalas. La razón por la que no pudimos hacer Doha-Yangon en vuelo directo (y así ahorramos una escala y un vuelo más), fue porque el avión de Qatar Airways que hace esa ruta no cuenta con una bodega refrigerada donde puedan viajar animales de compañía. Un problema más en una situación complicada per se.

Nos pusimos manos a la obra con los preparativos y recopilamos toda la documentación que nos pedía la aerolínea. Como Penny ya había volado desde Ghana a Europa hacía tres años, teníamos la mitad del trabajo (el más complejo de todos) ya hecho:

  • Microchip implantado
  • Pasaporte europeo para animales domésticos con toda la información del animal, número de serie de microchip y constancia de la vacuna antirrábica al día.
  • Prueba de cuantificación de anticuerpos antirrábicos del animal y certificado expedido por un veterinario autorizado (esta prueba ya la tenía del año 2015 en Ghana).
  • Certificado de desparasitación justo antes del viaje.
  • Certificado oficial firmado por un veterinario acreditado por el Estado miembro de EU, conforme el gato está sano y capacitado para viajar, asimismo, que cuenta con todo lo necesario para salir de la Unión Europea.

Paralelamente a la tramitación de todos los certificados, es muy importante reservar los billetes de avión con tiempo suficiente (al menos dos semanas) y solicitar a la aerolínea el espacio para transportar el animal. Cada aerolínea es diferente, así que es aconsejable mirar detenidamente toda la información de la aerolínea que escojáis. En nuestro caso, no contamos con dos semanas, sino con cuatro días y tuvimos que correr muchísimo. Perseguimos a la aerolínea para conseguir la confirmación de los vuelos y nos dimos cuenta de que nuestro transportín no era apto para viajar. Así que compramos uno nuevo, homologado.

Una vez llega la confirmación de la aerolínea para viajar con el animal, toca lo más difícil: viajar durante más de 20 horas dejando a tu gato solo en la bodega del avión!

Después de leer muchísimo en internet, decidimos no sedarla porque nos parecían que las contraindicaciones podían ser peores a las ventajas. Le dimos unas pastillitas de hierbas 24 y 12 horas antes de viajar para que estuviera tranquila, pero en ningún momento estuvo sedada. 

Penny es su cajita preparada para viajar

“Ella sabe que nos vamos…, desde ayer que la armé se va metiendo en su cajita”

Y finalmente llegó el día del viaje. Mi argentino favorito y mi gatita ghanesa iban a cruzar medio mundo hasta el que sería nuestro nuevo hogar. Llegaron muy temprano al aeropuerto de Zagreb para evitar cualquier contratiempo más. Hicieron el check in y el personal de Qatar Airways revisó toda la documentación de Penny. Todo estaba en regla y podría viajar.  Pero sí que había un problema. El equipaje y Penny no irían directos hasta Yangon. Una vez aterrizaran en Bangkok, mi argentino debía recoger todo su equipaje (casi cien quilos en cuatro maletas) y la caja de Penny, salir de la zona de tránsito y volver a facturar todo para el último vuelo hasta Yangon. La escala era solo de dos horas y tenía un problema añadido, por si no era suficiente! Como Penny entraba en Tailandia, había que conseguir un certificado de las autoridades tailandesas conforme el animal podía entrar en el país para volver a salir inmediatamente después. ¡Una locura!

Pasamos mucha ansiedad y miedo. No teníamos mucha información de las autoridades tailandesas. Intentamos contactarnos por e-mail, pero no hubo resultado. Llamamos por teléfono, pero no hablaban inglés. Así que nos arriesgamos a que quedaran varados en Bangkok, no teníamos más opciones.

Mi argentino favorito que lleva viajando por los cinco continentes más de su media vida, ¡tuvo una idea fantástica! Tan pronto su vuelo a Bangkok despegó de Doha, pidió ayuda al personal de cabina. Expuso la situación y automáticamente le dijeron que no se preocupara, que le ayudarían con un asistente tailandés en el aeropuerto. Y así fue.

Al aterrizar en Bangkok, corrió todo lo que pudo hasta las cintas de recogida de equipaje y ahí estaban las cuatro maletas y Penny. Tranquila. El asistente los llevó rápidamente a la oficina de las autoridades (situada delante de la cinta número 8 del aeropuerto) y solicitó el certificado. Todo estaba saliendo bien, hasta que le dijeron que tenía que pagar una tasa oficial y que solo aceptaban moneda local (bats). Ni dólares, ni euros ni tarjeta de crédito. En el aeropuerto hay casas de cambio, pero no había tiempo para ir a cambiar divisas. Así que el asistente no se lo pensó dos veces y lo pagó él.

Lo habían conseguido, tenían las maletas, a Penny y el certificado. Solo faltaba una cosa más, facturar de nuevo todo el equipaje y el transportín. La ayuda del asistente fue crucial, estamos seguros de que jamás lo hubiéramos conseguido sin su ayuda. A las seis de la mañana mi argentino favorito y Penny salían de Bangkok en dirección a Yangon.

Un viaje que ninguno de nosotros olvidará.

Primeros días en Yangon

Hola a todos! Hoy hace dos semanas que salimos de Barcelona, con todas nuestras cosas en cinco maletas y con un escuadrón de familiares que nos acompañaban hasta esta parte del mundo! Un viaje que sin duda no olvidaremos nunca.

Fueron 16 horas de viaje en total, incluyendo dos vuelos de 6 y 6h30 min, más una escala en Doha de algo más de tres horas. Pero para nuestro cuerpo estuvimos 24 horas viajando. Martín disfrutó del viaje y nos hizo mantener la ilusión hasta el último minuto. Los abuelos y los tíos no dejaron de jugar en todo momento con él y, como no, el juguete de la casa estaba más que contento.

Lo confieso: viajar tantas horas en avión con un bebé de 19 meses me aterraba, pero sin duda Martín es un alma viajera. Durante el primer vuelo, que salió de Barcelona a las 9 de la mañana, durmió una siesta y después de cargar las pilas jugó y miró dibujos. Algunas cosas que me fueron genial para entretenerle:

  • Llevé una nevera con diferentes snacks y algunos de sus comidas favoritas (galletas de plátano y cacahuete, lentejas estofadas, pollo con verduras, brócoli al vapor) y fruta, sobre todo plátanos.
  • Me descargué en la aplicación de Netflix del móvil varios capítulos de sus series favoritas y a ratitos se los iba poniendo.
  • Varios mordedores y sus cochecitos de juguete
  • Pero sin duda la mejor ayuda fueron los abuelos y los tíos, ¡sin duda!

Al llegar a Doha nos dedicamos a correr y jugar por la terminal. No paramos un momento quietos. Saltábamos, subíamos escaleras, mirábamos los aviones… qué divertido puede ser la espera en un aeropuerto si miras a través de los ojos de un niño.

Aeropuerto de Doha

El segundo vuelo fue un vuelo nocturno, así que Martín lo tuvo claro, ¡era momento de dormir! Y así hizo, se durmió antes de despegar y lo tuve que despertar para prepararnos para el aterrizaje! Increíble pero cierto.

Estos primeros días en Yangon están siendo una montaña rusa de emociones. El reencuentro con papá fue increíble. Llegar acompañados por nuestros familiares nos hizo pensar que veníamos en un primer momento de vacaciones y en parte fue estupendo, conocimos la parte más turística de la ciudad y siempre lo recordaremos. Una vez empezó la rutina, tanto Martín como a mi nos bajo la adrenalina y nuestro cuerpo pidió un respiro. Fiebre y resfriado. Ese ha sido el resultado de los últimos días. Pero nada que no pueda arreglarse con muchos mimos, cama y caldos caseros.

Myanmar nos ha recibido con los brazos abiertos y estamos muy contentos. Nos lo tomamos con calma y sosiego, tenemos muchos meses por delante, así que no hace falta que corramos para descubrirlo todo ahora.

Swe Dagon Pagoda, Yangon

El clima está siendo bastante benévolo, sobre todo porque no hace muchísimo calor, aunque sí llueve muchísimo. ¡Hoy literalmente ha estado lloviendo todo el día! La ciudad es muy verde, tiene muchísima vegetación y cuenta con dos grandes lagos artificiales.

A medida que vayamos descubriendo más cosas y adaptándonos os iré contando. ¿Os gustaría que escribiera sobre algo específico sobre Myanmar? Déjamelo en comentarios y estaré encantada de hacerlo!

¡Buenas noches a todos (aquí ya es madrugada)!

¡Empieza una nueva aventura!

A veces para ganar hay que arriesgar, ¿no os parece?

Pues bien, esta vez nos hemos liado la manta a la cabeza y en menos de un año y medio ¡nos volvemos a mudar! Sí, desgraciadamente nuestro tiempo en Croacia ha llegado a su fin y toca volver a hacer las maletas. Pero nada de pena, chicas, que esta vez el lugar promete y ¡mucho!

Como ya os había contado anteriormente, cuando decidimos irnos a vivir como expatriados nuestro destino fue Ghana, en África Occidental. Después de tres años super intensos e interesantes, tuvimos la gran suerte de que enviaran a mi argentino favorito a un país tan precioso como es Croacia. Pues bien, ahora el lugar escogido se encuentra en el sudeste asiático!

¡Tres continentes en cinco años, un gato y un bebé!

Os doy algunas pistas sobre el país donde nos vamos a vivir:

  • Se le conoce por dos nombres diferentes, el primero tiene su origen en la época colonial y el segundo es el oficial actualmente.
  • Es conocido por ser “el país de los templos”
  • Limita al oeste con la Índia y al este con Tailandia

¿Lo habéis descubierto ya?

¡MYANMAR!

Todavía no nos creemos que sea verdad, pero poco a poco se acerca la fecha de la mudanza y a medida que llenamos las maletas con nuestras cosas se hace cada vez más real y emocionante.

Después de pensarlo y valorarlo bastante, hemos tomado la decisión de mudarnos a pesar de que en Zagreb éramos muy felices. Desafortunadamente, las opciones profesionales en Croacia no son muchas y aunque es un país ideal para criar a un hijo, decidimos apostar por esta nueva aventura.

En Myanmar tendremos la oportunidad de conocer de primera mano una cultura totalmente diferente a la nuestra, disfrutar de la naturaleza en estado puro y podremos visitar países cercanos que hace mucho tiempo que nos atraen. Sin embargo hay algunos puntos negativos que por el momento todavía nos quitan el sueño. En primer lugar, el sistema de asistencia sanitaria todavía es algo precario y en caso que nos sucediera alguna cosa deberíamos viajar a Tailandia o, en el peor de los casos, volver a Europa. No es la primera vez que vivimos en un lugar así -en Ghana sucedía exactamente lo mismo-, pero ahora nos acompaña Martín y no podemos arriesgarnos a que suceda nada. Estoy segura de que una vez estemos allí estaremos más tranquilos al ver cómo es el país y el entorno.

En segundo lugar, la clima me agobia bastante porque el índice de humedad es siempre altísimo. Vivir permanentemente en verano tiene muchas ventajas, pero Martín es muy caluroso y estoy segura de que el clima tropical le va a agobiar un poco. ¡Ya os contaré como nos las arreglamos!

Y por último, aunque no el menos importante, todo lo contrario, Myanmar está muy lejos de España y aún más de Argentina! Vamos a extrañar mucho no poder ver a nuestras familias y amigos más a menudo, pero esperamos que nos vengan a visitar y aprovechen para viajar por la zona.

La aventura empieza finalmente este viernes, Martín y yo cruzaremos medio mundo para reencontrarnos con mi argentino favorito que lleva preparando nuestro nuevo hogar desde hace ya unos días.

Este viaje va a ser todo un reto: ¡el primer viaje en avión de larga distancia con Martín! ¿Algún consejo de mamás expertas? Cualquier idea mi sirve, en serio! Animaos a dejar un comentario y así no solo me daréis ideas a mi, sino también a otras mamás que estén en la misma situación.

¡Feliz martes!