Nuestra adaptación a la guarde

¡Buenos días!

Hoy os traigo un post que quería escribir para los papás y mamás que están pensando en llevar a la guardería a sus peques. En especial, a aquéllos que estén expatriados y quieran conocer nuestra experiencia.

Como ya os he contado alguna vez, Martín va a una guardería internacional en Yangón, donde el idioma principal es el inglés. La mayoría de sus compañeros son asiáticos, más del 70 por ciento de los alumnos son birmanos. (Si os interesa saber más sobre cómo escogimos la guardería, poder leer este post).

Empezó la guarde hace ya dos meses y podemos decir que, a día de hoy, se ha adaptado por completo. Ha sido una adaptación gradual y progresiva, pero no rápida. Hemos necesitado bastante tiempo y hemos respetado su ritmo. La constancia y la rutina nos han ayudado mucho a que poco a poco se hiciera con el entorno y las personas de su escuela.

Antes de que llegara el día de empezar la guardería, comenzamos a explicarle que iba a ir al cole como lo hacen sus amigos. Le decíamos que en el cole iba a jugar y a aprender mucho. Y que mamá y papá estarían siempre a la salida para recogerlo. No sé si el entendió lo que le decíamos, pero quiero pensar que ayudó mucho a prepararlo.

Durante la primera semana, lo acompañaba durante 20 minutos dentro de la clase, jugaba con él, le acompañaba a las diferentes estaciones de trabajo que tienen e intentaba calmarlo. Pasado ese tiempo, me despedía y me marchaba. Sin duda, Martín lloraba. No era plato de buen gusto, pero sabía que no podía quedarme toda la mañana.

Después de la primera semana, empecé a despedirme en la puerta de la clase (incluso ahora sigo haciéndolo). Había días que lloraba mucho, otros días menos. Pero poco a poco empezó a lamentarse menos. Para ayudarle, establecí una rutina antes de ir al cole que nos hizo la adaptación mucho más fácil.

1. Lo primero que hicimos fue eliminar las pantallas y los dibujitos en el desayuno y el coche de camino al cole. Nos ayudó a conectar mucho y a mantenerlo calmado. Antes de empezar la guardería, desayunábamos juntos durante un buen rato, tomábamos la leche y las tostadas viendo dibujos y leyendo el móvil. Ahora, además de que tenemos menos tiempo, vemos que los dibujos no le ayudan a desayunar más rápido, sino a ponerse más nervioso.

2. Cada mañana hablamos de la temática proyecto que están haciendo esa semana en el cole. Esta semana, por ejemplo, están hablando sobre los aviones. Él recuerda lo que hizo el día anterior y lo asocia a lo que va a hacer cuando llegue al cole.

3. Al cole vamos en coche, pero durante los dos primeros meses cuando el calor no era tan fuerte, aparcábamos en un parque cerca y caminábamos juntos hasta el cole. Con nuestro sombrero y gafas de sol, el paseo hacía que Martín se preparara para el cole.

4. Cada mañana le propongo algo para hacer a la hora del recreo (jugar con el patinete, subir al tobogán o regar las plantas) y cuando lo voy a recoger, le pregunto si lo hizo y cómo se lo pasó.

Por parte de la guarde, también establecieron una rutina para la adaptación de Martín. Desde los primeros días, Martín conectó muchísimo con una de las asistentes de su maestra y es ella siempre quién sale a recibirlo por la mañana y la que se encarga de darle el desayuno, cambiarle el pañal o lavarle las manos.

Además, tenemos una agenda y mantenemos una comunicación constante con la maestra. Pero sin duda, algo que nos ayuda muchísimo para que Martín se sienta reconfortado es el Newsletter que cada viernes recibimos con lo que han hecho durante la semana y qué planean hacer la semana siguiente. Le mostramos las fotos del cole y le preguntamos sobre lo que han hecho. Poco a poco, ¡él va entendiendo más!

¿Cuál ha sido el mayor desafío que Martín ha tenido al empezar la guardería?

El lenguaje. Martín no habla nada. Ni español, ni catalán, ni inglés. Hace dos meses sabía decir poco más de cinco palabras (mamá, papá, agua, car, guau-guau, como mucho!). De golpe, se encontró en un ambiente desconocido y con dos idiomas que no entiende (inglés y birmano). Pero el idioma no fue en sí el problema, sino el hecho de no poderse hacer entender. En casa, aunque no hable, le entendemos. En la guarde no. Las primeras semanas fueron especialmente duras para él. Pero consiguió superarlo y ahora no solo entiende muchísimas cosas, sino que ha empezado a decir muchas palabras en inglés, para poderse hacer entender!

Ahora nuestro reto es que empiece a decir más palabras en español y conseguir equilibrar los idiomas. Pero, ¡ese es otro tema que dará para otro post!

¡Que tengáis un fantástico día!

¿Qué llevo en mi maleta?

¡Buen día a todos!

A pesar de lo que se suele pensar, cuando vives en países como Ghana o Myanmar, tu maleta no está llena de ropa de marca, zapatos de tacón o el último grito en bolsos. Cuándo vives en un país en vías de desarrollo y con un clima subtropical, te olvidas de si tu ropa sigue las últimas tendencias de la moda y centras tu atención en no salir de casa sin repelente de mosquitos o protector solar.

A lo largo de estos cinco años de expatriación, nuestra maleta ha ido evolucionando al mismo ritmo que lo ha hecho nuestra familia. Al principio cuando vivíamos en Ghana y éramos solamente mi Argentino favorito y yo, nuestra maleta solía ir llena de comida y buenos vinos. Solíamos cargas con indecentes cantidades de embutidos, jamón y quesos españoles, carnes envasadas al vacío (una vez incluso, cargamos con más de cinco quilos de carne desde Argentina), botellas de vino tinto, dulces como turrones o alfajores y muchísimo chocolate! Desarrollamos una técnica perfecta para meter todo en las maletas y nunca jamás se nos rompió una botella o se nos echó a perder la carne. Solíamos viajar cada seis meses, así que llenábamos el congelador y la despensa por miedo a quedarnos sin comida.

Cuando adoptamos a Penny empezamos a hacer hueco y llevar algunas cosas también para ella. En Ghana no había demasiadas cosas para gatos, así que le cedimos una pequeña parte de nuestra maleta. Recuerdo que compramos su primera caja de transporte en Argentina, preciosa, ¡de color rosa! Después resultó que no estaba homologada para viajar en avión, así que le compramos una nueva en Dubái! Siempre compramos juguetes para ella, collares nuevos o comida húmeda para darle un capricho de vez en cuando. La pobre tenía que conformarse con el pienso que encontrábamos en el supermercado, que era de pésima calidad e, incluso, una vez nos quedamos sin arena para su baño por más de 10 días! (No preguntéis cómo nos las apañamos…)

Ahora nuestra maleta ha cambiado por completo. Martín se ha quedado con más del 70 por ciento del espacio y hemos dejado de trae comida a Myanmar. Por el contrario, llenamos nuestra maleta con juguetes de calidad y libros para su edad en español. Ropa para los próximos meses y zapatos buenos de al menos dos tallas diferentes.

El 30 por ciento restante es para nosotros! Pero ya no la llenamos con embutidos, quesos o chocolates. Comemos lo que encontramos en el país y hemos modificado muchísimo nuestra dieta. Ahora comemos …

+ Verduras, frutas y cereales

Carne y pescado (seleccionando muchísimo la calidad)

Nada de embutidos y dulces

Con el paso de los años, ¡lo agradecen tanto nuestro cuerpo como nuestra maleta!

Y vosotros, ¿qué llevaríais en vuestra maleta si vivierais en el extranjero?

Esta semana ya está a punto de acabar, así que espero que paséis un fantástico fin de semana!

P.D. Eso sí, cuando viene la familia desde España o Argentina siempre nos trae un poco de jamón o unos cuantos alfajores 😊!

Mi plan para el 2019

¡Hola a todos!

Lo sé, hace meses que no me paso por aquí, que no os cuento nada y que estoy desaparecida! La falta de creatividad y una mezcla de emociones por la adaptación a nuestra nueva ciudad, no me ha ayudado demasiado a compartir historias con vosotras y haceros partícipes de nuestros avances en Yangon.

Después de unas largas vacaciones en España, donde gracias a la familia he recargado pilas e ilusiones, empezamos el 2019 en Myanmar con nuevos retos y planes. ¿Cuántas de vosotras empezáis así el mes de enero y a mediados de febrero ya habéis tirado la toalla? Fuera bromas, espero que este 2019 me de las fuerzas para tirar adelante este blog y poder enseñaros de cerca nuestro día a día en Yangon.

Nuestra adaptación a la ciudad y a la rutina ha sido bastante buena, sobre todo porque tenemos muchas facilidades en el lugar donde vivimos. A diferencia de otros lugares, como por ejemplo en Europa, en países como Myanmar es relativamente sencillo y rápido formar parte de la comunidad de expatriados y conocer familias a fines a nosotros. Así, en pocas semanas, creamos nuestra red de conocidos y, algo más tarde, amigos, que hacen a su vez de nuestra familia en Myanmar. Gracias a esas personas, podemos comprender mejor el país, descubrir más rápido las cosas esenciales de la vida en Yangon y compartir parte de nuestro tiempo libre.

Sin embargo, el cambio de Zagreb, una ciudad centroeuropea pequeña, a Yangon, una urbe asiática de dimensiones, a veces, incomprensible, no me lo hizo fácil. A pesar de que en Croacia nos fue muy difícil crear una red de amistades y formar parte de una comunidad, la verdad es que la vida era más sencilla y relajada. Con más tiempo para dedicarnos a nuestra familia en un entorno muy verde y saludable.

Durante los primeros meses en Yangón, una mezcla de sentimientos se apoderó de mí y en muchas ocasiones me recordaba el choque emocional que viví en Ghana y gracias al cual escribí la entrada en Una española en Ghana sobre “La vida de una expatriada principiante“.

Pero nada es para siempre y afortunadamente, con los años, he desarrollado una buena capacidad de adaptación! Lo más importante es tener un plan, para después poder cambiarlo si es necesario e improvisar 🙂

Mi plan este 2019 es muy sencillo. Escribir, escribir y escribir, para poder compartir con todas vosotras las experiencias que vamos a ir viviendo y como los vamos afrontando. ¿Os animáis a acompañarme?

¡Que tengáis un muy feliz fin de semana!